John Saxe-Fernandéz
BIOGRAPHY | La ideología neoconservadora y el gobierno de George W. Bush |

 

Chercheur et professeur à la Faculté de sciences politiques et sociales de l’Université nationale autonome de México (UNAM).

John Saxe es investigador y profesor de la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Autor de libros como El mundo actual (1999, con Pablo González Casanova), Globalización, imperialismo y clase (2001, con James Petras), Globalización del terror y amenaza bioterrorista (2001, con Gian Carlo Delgado), coautor y compilador de Globalización: crítica a un paradigma (Plaza & Janés/UNAM 1999)


 La ideología neoconservadora y el gobierno de George W. Bush [1].

John Saxe-Fernández[2]

1. El proyecto neoconservador.

El 15 de Septiembre de 2002, casi al año de los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el Sunday Herald informó sobre la existencia de un plan  elaborado por un instituto “neo-conservador”, ese es el término usado en la nota periodística, identificado como el “Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense”, que empezó a funcionar en 1997. Este instituto se orientó al impulso de lo que su documento fundacional califica como “una política reaganiana de fortaleza militar y de claridad moral”, considerada como algo “necesario para que EUA,  basado en los éxitos del siglo pasado, consolide nuestra seguridad y nuestra grandeza en el próximo siglo”.  El  documento, de línea ultra-nacionalista, plantea la “creación de una Pax Americana Global”, y fue endosado por Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Jeff Bush y Lewis Lobby, jefe del personal de Cheney, con la participación de operadores políticos e ideólogos como Elliott Abrams y Francis Fukuyama. El Sunday Herald enfatizó que, según el documento, “antes de que asumiera la presidencia en Enero de 2000, Bush y su gabinete ya estaban contemplando y planeando un “cambio de régimen” en Irak por medio de un ataque premeditado contra ese país. [3] La propuesta central del documento, cuyo autor principal es Thomas Donnelly, es que “…actualmente Estados Unidos no tiene rival global y que su gran estrategia debe encaminarse a preservar y extender esta ventajosa posición en el futuro, tanto como sea posible”. El instrumento militar es considerado, como ocurrió en tiempos de Reagan, como el fundamento de la  “la defensa de la madre patria”, la capacidad de librar de manera decisiva varias guerras simultáneamente, así como el desarrollo de fuerzas militares y “paramilitares”, dedicadas  a influir de manera decisiva la política exterior de EUA. Finalmente propone transformar a las fuerzas armadas aprovechando “la revolución en asuntos militares”[4]. Para ello EUA debe mantener la superioridad estratégica nuclear, sin restringirse en la balanza de poder con Rusia; aumentar el personal militar,  y reposicionar las fuerzas militares para responder a las realidades estratégicas, cambiando los despliegues permanentes hacia el Sureste de Europa y Asia Sudoriental, modificando también los despliegues navales para reflejar los intereses estratégicos de EUA en el Sudeste de Asia”.                                2.  Continuidades y discontinuidades.

El esquema, que es una elaboración centrada en los programas militares reaganianos y luego del fin de la guerra fría, en los planteados durante el gobierno de Bush padre, conlleva, para beneplácito del “complejo militar-industrial”, ampliaciones de los presupuestos castrenses y centra el mantenimiento y prolongación de la supremacía estadounidense, en la fortaleza militar. Los acontecimientos del 11 de Septiembre cayeron como anillo al dedo[5] para impulsar esta propuesta, observándose una profundización de programas y radicalización de tendencias presentes en el gobierno de Clinton, en el que ya, con desplante nacionalista y arrogancia imperial, se consideraba a EUA “la nación indispensable”. Pero Bush agudizó y profundizó este perfil, paradójicamente poniendo en entredicho virtualmente toda la estructura multilateral y el sistema de alianzas de la pax americana: durante los ocho meses antes del 11-09 Bush abandonó unilateralmente el tratado para el control del tráfico mundial de armas de bajo calibre; el acuerdo de Kyoto; el tratado para eliminar minas terrestres; la Convención sobre Armas Biológicas y Toxinas; y el Acuerdo Anti-balístico (ABM) oponiéndose además –y saboteando de manera “dinámica” (proactive)- al establecimiento y consolidación de la Corte Penal Internacional.[6] También se registran más profundizaciones en las fricciones trans-atlánticas en las áreas del comercio acero, subsidios a la agricultura y de alta tecnología, e incrementos en la presencia militar en varios países y restableciendo alianzas y bases, sin importar, como ocurrió en tiempos de Reagan[7], la vigencia de los derechos humanos, ya que, según los entonces proponentes y hoy miembros del gabinete de Bush, por encima de ellos están los intereses “vitales” y las “necesidades de la guerra global contra el terrorismo”. Alrededor de estos planteamientos y su concreción en decisiones como las antes ejemplificadas, se conformó un grupo de ideólogos de línea dura así como periodistas y académicos de oportunidad, como William Bristol y Robert Kagan , miembros fundadores del mencionado Proyecto para un Nuevo Siglo; David Frum, inventor del término “eje del mal”; Richard Perle, ideólogo de la ultraderecha, conocido en tiempos de Reagan como “el príncipe de las tinieblas” y quien, junto con el equipo de la Casa Blanca, “denuncian” el multilateralismo de los integrantes de la Unión Europea, y plantean, desde hace años las justificaciones para desatar un ataque al sistema multilateral y así reafirmar la hegemonía de EUA. John Bolton, del equipo ultraderechista y anti-mexicano liderado por Jesse Helms, -actualmente a cargo de la política de Bush en la ONU-, sostiene que tal organización  en realidad “no existe”. Para él lo que hay es una comunidad internacional “que debe ser liderada por la única potencia que queda en el mundo”. Esa “comunidad internacional”, según Bolton, funciona sólo cuando sirve a los intereses de Estados Unidos y “cuando podemos lograr que otros sigan nuestra línea”. Robert Kaplan, otro de los periodistas y escritores plegados al equipo de la Casa Blanca, plantea, desde la revista Atlantic Monthly todo un recetario para mantener una supremacía de “bajo perfil” (stealth supremacy), por medio de una intensificación del paramilitarismo, las operaciones clandestinas, el asesinato y la violencia contrainsurgente. Por ejemplo, auspicia el uso de fuerzas locales bajo la dirección de asesores militares de EUA, en Arauca Colombia, importante por sus recursos de hidrocarburos. Ninguna novedad. McNamara proponía lo mismo desde tiempos de Kennedy y Johnson. Kaplan sostiene que ahora la diplomacia se realice por medios castrenses desarrollando amistades con los militares locales y auspiciando relaciones de poder por medio de la venta  de armamentos y adiestramiento. Kaplan fomenta el uso de los militares para promover la “democracia”, ampliar el despliegue de bases militares en función del dominio sobre los recursos naturales[8] y retornar a los programas anteriores, como el de asesinatos selectivos. [9] Se complace con desarrollos tecnológicos que en las próximas décadas, dice “permitirán dirigir balas a blancos específicos, de tal suerte que, usando los satélites, se puedan rastrear las firmas neurobiológicas de los individuos, lo que hace los asesinatos más factibles, permitiéndole a EUA matar a mandatarios como Saddam Hussein, sin tener que armar a la población a ellos sujeta por medio de combates convencionales” [10]

El tono de superioridad moral que acompaña las operaciones clandestinas, la violación de los derechos humanos y las masacres de civiles –como ocurrió en Irak-, se centra en el convencimiento  arraigado en George W. Bush y su gabinete (y mucho de lo que es la historia política de EUA) de que “Dios está de nuestro lado”. Como lo íronizó James Harding del Financial  Times el pasado 27 de febrero,

…con Bush en la Casa Blanca, Dios está más fuertemente que nunca en el corazón del proyecto político estadounidense.[11]  

El analista Mariano Aguirre, del Instituto de la Paz de Madrid acierta al notar que, en efecto, “…el equipo del presidente se guía por principios que oscilan entre la geopolítica … y una lectura fundamentalista de la religión”[12] y nos recuerda  que la derechista Iglesia cristiana de EUA y los telepredicadores, como Pat Robertson y Jerry Faldwell, que cuentan con millones de seguidores, apoyaron a Bush en su cruzada contra Saddam Hussein, así como a Sharon en sus ataques brutales contra los palestinos, haciendo también  una fuerte campaña contra la comunidad musulmana de EUA. Además, vale recordar que estos fundamentalistas,

“…son la vanguardia en la lucha por revertir las libertades ganadas en los últimos treinta años en terrenos como el de madres solteras, la de la ciencia en el sistema educativo público y las libertades para el ejercicio de las preferencias sexuales. Recordemos que después del 11 de Septiembre, Jerry Faldwell, uno de los telepredicadores, aseguró que los ataques  ´…eran algo que se merecía EUA por sus pecados´ y Pat Robertson acusó a ´los paganos, los abortistas, las feministas, los gays, las lesbianas, la Unión Americana por las Libertades Civiles. Os señalo con el dedo y  digo: Vosotros contribuisteis a que esto ocurriera´”.[13]  

Estos y otros desplantes, posturas domésticas e internacionales que caracterizan al “neoconservadurismo” que encarna Bush y su equipo, no surgen de la nada. Conviene ofrecer algunos de los antecedentes históricos y a  plantear varios de los componentes políticos e ideológicos que forman parte de los fundamentos de la derechización en los EUA.[14]

Aunque la ascensión al poder por parte de fuerzas derechistas de nuevo cuño –conocidas como “la nueva derecha”, se concretó con Reagan (1981-1989) con prolongación por cuatro años más con George Bush padre,  en realidad el asunto no es tan reciente. El tema ya había recibido bastante atención por parte de analistas, sociólogos periodistas y otros comentaristas de la escena política y social mucho antes de que  Reagan,  Bush, y ahora  otro integrante del Clan Bush,  ocuparan la Oficina Oval. Sobre esto cabe preguntarse cómo ha sido abordado el problema en general y cuáles son algunas de las continuidades y  qué cambios se observan en la actualidad.

Con Reagan y  Bush padre, se registró el nombramiento a los altos puestos del poder de un considerable número de personajes identificados con las corrientes más reaccionarias. Ante ello se empezó a considerar, de manera más seria y sistemática, lo que antes de este acontecimiento político era un fenómeno generalmente menospreciado desde el punto de vista político: la concatenación de varios grupos ultra derechistas, firme y tenazmente apoyados económicamente por grande empresas, en sectores estratégicos como la industria del gas y del petróleo incluyendo a la petroquímica ya que se incluye a grupos del más alto poder como el encabezado por los Dupont de Delaware y, como se apuntó, de firmas estrechamente vinculadas al complejo militar-industrial. Entre esa ultra-derecha auspiciada por este aparato corporativo, cabe mencionar a la John Birch Society, grupo de presión encabezado por Robert Welch,  todo un fenómeno que fue anteriormente minimizado por la ciencia política y la sociología por ser considerado como “marginal”. Después de todo, era difícil tomar en serio a Welch, quien mantenía que los liberales estadounidenses eran parte de una gran conspiración comunista para destruir la libertad en EUA: “…todo el país es un vasto asilo de locos y estamos dejando que algunos de los peores pacientes dirijan este lugar”. Esa era una de sus advertencias favoritas.

El elemento conspirativo que tan enérgicamente contribuyó a la elevación de Reagan al poder y a su vasta campaña de rearme, tiene fuertes raíces personales e ideológicas, primero, en la participación de corte macartista del entonces actor y líder del sindicato de ese gremio en Hollywood y segundo, en las cruzadas cristianas anticomunistas en las que se formaron muchos de los personajes de entonces y de hoy.

La nueva derecha estadounidense ha sido consistentemente “anti-política”, en el sentido de que no ha reconocido la legitimidad de sus oponentes, ni ha aceptado seguir “las reglas del juego” Y no ha sido sino hasta mediados de los ochenta, cuando su influencia en el Partido Republicano se incrementó notablemente, que esos grupos consideraron oportuno el uso del “partido” para articular sus intereses y amalgamarlos, por este medio, con fracciones poderosas de la clase dominante del alto capital. Durante esos años de la guerra fría, los sectores ultraconservadores estaban convencidos de que EUA había caído en manos de políticos corruptos y perniciosos, que estaban vendidos al enemigo y que consecuentemente también estaban empeñados en subvertir las tradiciones básicas de la nación. En ese momento su percepción era tan extrema que planteaban que el mismo Reagan no podía hacer gran cosa, porque estaba rodeado por agentes comunistas agazapados en todos los rincones del gobierno federal.

Esta concepción anti-política y cruda de los neoconservadores, que adquiere otros ropajes ideológicos con el actual gobierno de Bush, contrasta con la corriente histórica del conservadurismo estadounidense, un conservadurismo analizado por historiadores y sociólogos de ese país y que lo conciben como el primer movimiento político directamente involucrado en la política como tal. En un estudio publicado en 1977 un sociólogo planteaba que uno de los aspectos importantes del conservadurismo “clásico moderno”, es decir, el de los siglos dieciocho y diecinueve, “es que surgió del mismo suelo de la política: fue el producto de las decisiones políticas de aquellos involucrados directamente en la construcción o destrucción de las naciones”.[15] De esta manera, un importante cuerpo de estudiosos contrasta a la “nueva derecha” con el movimiento conservador que surgió de su ejercicio directo en la política con personajes paradigmáticos como Alejandro Hamilton y John Adams. Pero no se trata de un fenómeno que cobra vida a base de ser un movimiento ideológico con un plan preconcebido para cambiar al mundo, sino que más bien es el resultado de un esfuerzo para mantener intacto el status quo: El conservadurismo se preocupó primordialmente del mantenimiento del orden, porque los hombres identificados como conservadores, estaban inquietos con el desate del caos y esa inquietud es una consecuencia de su posición y función en la estructura de poder de los siglos dieciocho y diecinueve.[16]

Es necesario establecer la diferenciación entre el pensamiento conservador tradicional y la nueva derecha, ya que existen contrastes importantes. Mientras que el primero era una respuesta a la acción política en que sus sustentadores estaban inmersos, aceptando todas las reglas para lograr el consenso, los segundos más bien parecen el  producto de una alienación de la actividad política misma, un producto que surge desde fuera del sistema, algo parecido a cómo se percibía a la ultraderecha alemana y posteriormente, a sus primeras manifestaciones en el movimiento nazi, durante la República  Weimar. A los nazis se les interpretaba, al principio, como fenómeno extremista, centrado en una mitificación de la “comunidad”, alienado y por ello marginal.[17] En EUA la propensión “anti-política” de los neo-conservadores se expresaba de manera paradigmática por medio de gente como Welch. Ante un auditorio expresaba:

Caballeros, estamos en un momento en el cual las únicas victorias políticas seguras pueden lograrse por medio de organizaciones no-políticas que tienen un propósito más seguro, positivo y permanente, que los fines políticos inmediatos, es decir, por medio de organizaciones que tienen base, cohesión, fuerza clara y una dirección estables que son imposibles en las instancias tradicionales del partido político.[18] 

3.Los neo-conservadores y el establishment político.

Prácticamente hasta la elección de Reagan, la nueva derecha estadounidense ha actuado al margen del sistema y su apoliticismo, así como la noción de que el país está penetrado por el enemigo, le llevó a desdeñar a las organizaciones y los procedimientos políticos e incluso le ha servido como justificación para la formación, adiestramiento y sustento técnico de grupos para-militares. Lo que tiene de “radical” esa derecha, como bien lo apuntó el sociólogo Edward Shils, no es tanto su oposición a los programas de ayuda social doméstica o internacional, o al pago de impuestos, o a que se enseñe la teoría de la evolución, sino su hostilidad al marco del sistema político y a su enorme predisposición a hacer de lado el orden establecido. Como observaba Daniel Bell, no le molestaría mucho “deshacerse de los procesos constitucionales, suspender las libertades civiles... en su lucha contra el comunismo: es en este sentido que la derecha, más que ninguna otra ideología, es una amenaza a la política de la civilidad estadounidense”.[19]

Pero, como lo enfaticé en otra oportunidad,  es necesario reconocer que mucho del pensamiento de la nueva derecha forma parte central tanto de la herencia cultural de los EUA, como de las tendencias y de las campañas ideológicas que de maneras diversas han promovido y utilizado los grandes intereses monopólicos de ese país para la consecución de sus fines y la ampliación y preservación de su poder: Los EUA, como sistema social, no son la excepción por lo que se refiere a este asunto ya que en él también los procesos reaccionarios han  precedido a las ideas reaccionarias.[20]

Muchos de los grandes analistas de la situación político-ideológica de EUA, como Tocqueville  no parecen haber registrado o haberse percatado del inmenso poder persuasivo que acarreaba el expansionismo territorial comercial, industrial y financiero de la emergente y vigorosa burguesía estadounidense, para cuyo “enérgico y libérrimo florecimiento ninguna traba material ni moral ha estorbado”, como decía Mariátegui: ni siquiera lo que Tocqueville dio en llamar “el despotismo de la mayoría”. Esa burguesía utilizó a su favor, cuando le convino, los impulsos xenofóbicos que sabía anidados desde hace mucho tiempo en esas mayorías y ya empezaba a usar a su antojo en campañas militares, de genocidio, contra los “aborígenes”, de conquista de la masa continental de la que fue, sistemáticamente, apoderándose, incluyendo, durante el primer período del Destino Manifiesto, el despojo contra nuestra población, bajo el lema de “a los Mexicanos como a los Apaches”. Como lo señala John Bunzel, prácticamente desde que Lord Baltimore en medio de una creciente paranoia denunciara la inminente toma del poder por parte de los católicos en Maryland, hasta las más variadas y recientes pesadillas conspiratorias de la nueva derecha, esos elementos fuertemente impregnados de etnocentrismo y alucinaciones colectivas fueron explotados con habilidad, para impulsar los grandes intereses tanto del expansionismo territorial durante la primera mitad del siglo diecinueve , como de consolidación comercial, dominio industrial y estratégico desde la segunda mitad del siglo XX a la fecha.

Esas han sido las bases ideológicas sobre las que se fue legitimando el sistema político y su sistema de alianzas internacionales totalmente fundado en los intereses materiales de su clase dominante. Como la guerra es un negocio, y ha sido incorporada al sistema social y al aparato económico y cultural, es natural que la noción del enemigo y de la amenaza externa e interna también  existan como un ingrediente psicológico. Esta es una característica que se vincula al establecimiento, después de la Segunda Guerra Mundial de una economía en permanente movilización bélico-industrial. La concepción de Herbert Marcuse del Estado de Guerra en Estados Unidos, es decir, de un Estado en el que se logra el Estado de bienestar por medio de la movilización total de los recursos humanos y materiales para la eventualidad de una guerra, interna o externa, contra un enemigo, interno o externo, real o imaginario, tiene expresiones específicas de corte político-ideológicas tanto en su dimensión “liberal” como “neoconservadora”. Quien revise el gasto militar de Lyndon Johnson o de Ronald Reagan, pronto descubrirá como beneficiarios a las mismas fuerzas políticas y firmas. Cuando Reagan propuso la Iniciativa de Defensa Estratégica o “guerra de las galaxias”, como un costoso escudo anti-balístico, tanto la comunidad científica como los demócratas expresaron su escepticismo y oposición y a lo largo de los gobiernos de Reagan y Bush (padre) ese programa fue visto como un proyecto de los halcones  republicanos. Después de asumir la presidencia, Clinton realizó recortes a varias versiones del sistema antibalístico, aunque, como lo recuerda Nicholas Guyatt,[21] el demócrata continuó financiando con miles de millones de dólares diferentes proyectos de Investigación y Desarrollo de ese sistema:

Finalmente en 1999, el gobierno de Clinton se dobló ante la presión republicana y prometió construir un Sistema Nacional Antibalístico tan pronto como fuera posible. El Partido Demócrata, que previamente había denunciado a la ¨guerra de las Galaxias¨ como un momentáneo exceso reaganiano,  lo adoptó como un proyecto suyo.[22]  

Así, desde el arribo de la “nueva derecha” al poder con Reagan, por medio del partido republicano, partes centrales de la agenda de los “neoconservadores”, como el Sistema Nacional Antibalístico, un creciente unilateralismo y militarización de la diplomacia, y el abandono de los esquemas multilaterales, [23] han ingresado, de manera paulatina, pero constante, en lo que se conoce como el “curso mayor” (mainstream) de la política estadounidense.  

 4. El enemigo, la “seguridad nacional”, el 11-09 y la Constitución.

A lo largo de la guerra fría la calidad misma del “carácter nacional” es fuertemente  influida por el sentido de vulnerabilidad. Después de todo, con el desarrollo de armas nucleares y termonucleares así como de cohetería balística intercontinental por parte de la URSS, el territorio y la población de EUA empezaron a formar parte y parcela del “campo de batalla” de la Tercera Guerra Mundial. Así, por las características propias al Estado de guerra, para el estadounidense promedio “cualquiera puede ser mi enemigo en cualquier momento”. Analizando este asunto desde la perspectiva antropológica, y en medio de la guerra fría, Jules Henry hacía observaciones de gran pertinencia hoy, para reflexionar en torno a la guerra global antiterrorista que ahora utiliza la ultraderecha estadounidense en sustitución del anticomunismo. Según Henry en EUA se ha dado un hecho antropológico notable, es decir, la creciente confusión entre el enemigo y el amigo:

…durante la segunda guerra mundial Japón era nuestro enemigo, ahora es nuestro amigo; la URSS era nuestro amigo, ahora es nuestro enemigo, Alemania era nuestro enemigo, ahora parte de ella es amigo y otra parte enemigo. Francia era nuestro amigo, ahora casi es nuestro enemigo. Yugoslavia era nuestro amigo, ahora un día es nuestro amigo y al día siguiente nuestro enemigo, dependiendo de los giros que vaya dando nuestra política exterior. Durante la segunda guerra mundial, China era nuestro amigo, ahora es nuestro enemigo…Italia era nuestro enemigo ahora es nuestro amigo, y así sucesivamente.[24]  

Las fuertes fluctuaciones en la definición de amigo y enemigo producen cinismo y un estar dispuesto a dejar que los de arriba, los expertos, nos digan quién es el amigo y quién el enemigo, el carácter se acostumbra a aceptar el principio de que cualquiera puede ser mi enemigo en cualquier momento. Es una condición del carácter nacional que no surge con los “neoconservadores”. Estamos frente a los resultados de procesos político- estratégicos  y económicos de largo alcance  que se han gestado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, con el establecimiento de un amplio y permanente aparato de “seguridad nacional”, que se ha erigido al margen de la Constitución.[25] Bajo una conducción neoconservadora, el ataque a la “civilidad”, a los principios y procedimientos jurídicos y político-electorales, dentro y fuera del país, se acentúa de manera peligrosa. La adopción de la “estrategia de autodefensa anticipatoria”, definida como crimen de guerra por la normatividad que emana de los Juicios de Nuremberg, acarrea con ella una fuerte dosis de incertidumbre, caos y anarquía a las relaciones económicas y políticas, ya que rompe con los fundamentos de las relaciones Inter.-estatales establecidos desde la llamada Pax de Westfalia (1648). Esta estrategia se aplica, a partir del 11-09,  con la excusa de la guerra contra el terrorismo junto con un ataque sistemático al aparato  constitucional y los derechos civiles en EUA. Las acciones del Estado de seguridad nacional desplegadas por Bush, ponen en entredicho “dos siglos de derecho constitucional”. Esto se lee en un editorial del New York Times[26] dedicado al juicio de Zacarías Moussaoui, en el que el Fiscal arbitrariamente suspendió los derechos contenidos en la Sexta Enmienda Constitucional, negándole a la defensa ver evidencia fundamental del caso. Este asunto es de importancia porque la fiscalía trata de mantener en secreto evidencia sobre los vínculos del grupo Al Qaeda con el aparato de Estado. Al Qaeda es considerado responsable de la operación contra las Torres Gemelas y el Pentágono. El nerviosismo de Bush en torno a este delicado asunto es profundo. Acaba de pedirle al Congreso ocultar 28 de las 900 páginas desclasificadas del informe sobre el 11-09, referido precisamente a la red de conexiones establecidas por los miembros de Al Aqeda con los aparatos de Estado de EUA, Pakistán y Arabia Saudita. Mientras el comité de inteligencia legislativo elabora su informe en medio de excusas burocráticas, existen hechos sobresalientes y graves, como que un contacto del FBI alquiló un piso en San Diego a dos de los secuestradores que participaron en los atentados, Jalid al Midhar y Nawaf al Hazii, mientras la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional  habían interceptado comunicaciones que los involucraba en una posible actividad terrorista. Aunque tanto el mencionado informe legislativo como la Casa Blanca atribuyen estas –y muchas otras- extrañas operaciones a errores derivados de falta de coordinación entre las agencias de inteligencia y otras fallas en el sistema de manejo administrativo de la información, las relaciones del Gobierno de EUA –y de la familia Bush-, con Al Qaeda y el aparato de inteligencia de Pakistán, son de fundamental importancia en el esclarecimiento del caso, como lo ha indicado Michel Chossudovsky en varias oportunidades.[27] Chossudovsky apoya de manera documentalmente meticulosa su aseveración de que la evidencia confirma que “…las agencias del gobierno de EU han abrigado a los terroristas del martes negro utilizando a la Inteligencia Militar de Pakistán (ISI) como intermediario”. El autor recuerda que el FBI confirmó en una entrevista con ABC News que Mahoma Atta, cabecilla de los ataques del 11 de septiembre, había recibido financiamiento de fuentes anónimas desde Pakistán. El FBI estaba informado de que el dinero utilizado para financiar los ataques “…había sido enviado al atacante del WTC, Mahoma Atta, desde Pakistán, por el Jeque Ahamad Umar, a petición del General Mahmoud (Ahmad) (Jefe del ISI). Según AFP (que cita fuentes de inteligencia):´ la evidencia que nosotros hemos proporcionado a EUA es de un alcance mucho mayor y más profundo que un simple pedazo de papel que vincula a un general deshonesto con algún acto de terrorismo aislado ´”.[28]  El presunto “hombre del dinero” detrás del 11-09 se encontraba en EU justo antes de los ataques, “en lo que se describió como una visita rutinaria de consultas con sus colegas estadounidenses” y en la mañana del 11 de Septiembre “…se encontraba en reunión en un desayuno en Capitol Hill organizado por el Senador (demócrata) Bob Graham y el Diputado Porter Goss, Presidentes del Comité de Inteligencia del Senado y del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja, respectivamente”[29]. “Constituye una amarga ironía”, escribe Chossudovsky,

      que el diputado Porter Goss y el Senador Bob Graham, que fueron quienes organizaron el misterioso encuentro en el desayuno del 11 de Septiembre con el presunto comandante de los secuestradores estuvieran a cargo de la investigación y sostuvieran audiencias públicas que podrían ser calificadas como errores de inteligencia”.[30]  

Una Reflexión Final.

El esquema de los neoconservadores es altamente militarizado. Los ideólogos y miembros del gabinete de Bush prestan poca atención a los asuntos económicos y muestra torpeza para lidiar con los embrollos político-constitucionales en que se ha inmerso el régimen. James Petras  ha llamado la atención a estas carencias y observa que, efectivamente, los pivotes económicos para el sostenimiento de supremacía de EUA no son sólidos. Los califica de “inestables e insostenibles”.[31] El primero reposa sobre un sector altamente vulnerable y especulativo, tendiente a la volatilidad y que entra en una profunda recesión. El segundo es la dependencia de esa “supremacía” en un alto nivel de transferencias de beneficios, pagos de intereses y “royalties” de las áreas colonizadas. Usando un índice elaborado por Pablo González Casnova y José Gandarilla sobre la transferencia de excedentes que incluye servicio de la deuda, pérdidas por intercambio, fugas de capitales, transferencias unilaterales, utilidades netas remitidas de inversión directa y errores y omisiones, hice un cálculo con Omar Núñez sobre las transferencias de excedentes de América Latina hacía EUA y los otros acreedores entre 1976 y 1997.[32] Usamos datos del FMI, BM y CEPAL publicados desde 1982. La suma de los totales por rubros y su posterior deflactación para lo cual se utilizó el deflactor implícito del PIB de EUA con base 100 en 1990 obtuvimos una cifra conservadora, pero muy impresionante de dos billones 51 mil, 619.1 millones por concepto de transferencia de excedentes. Otros  cálculos de Petras y Veltmeyer indican que sólo en AL se transfirieron, entre 1990 y 1998 más de 700 mil millones de dólares en pagos a bancos y multinacionales en Europa y EUA.

La tercera base de la supremacía imperial identificada  es el poder político, incluyendo el poder de imprimir dinero, para cubrir los déficit y la seguridad que se ofrecen a los nacionales y extranjeros  y los dedicados a negocios ilícitos (narcotráfico). Las modificaciones que se observan en la estructura de poder del sistema monetario internacional con el advenimiento del euro y su adopción como moneda de reserva por parte de los bancos centrales –al lado del dólar-, es decir, como un retador hegemónico, dada la centralidad del dólar en el esquema de la pax americana elaborado después de la Segunda Guerra Mundial, contrasta de manera llamativa con el discurso neoconservador –a una supremacía estadounidense , predicada de manera exclusiva sobre la enorme capacidad de proyección de poder militar convencional de EUA, como se observó en la guerra de conquista desatada contra Irak en pos de lo que se considera es la segunda reserva petrolera de mayores dimensiones del orbe. Pero cabe recordar que es la agresión –y problemática ocupación- de un coloso con una economía 280 veces más grande que la de esa nación árabe y que cuenta con un aparato militar con una fuerza que se estima es unas 300 veces superior a la del derrocado régimen de Hussein. El unilateralismo agresivo de corte militar –y también comercial- practicado por Bush, así como su cruzada contra las instancias del Derecho Internacional y las de corte multilateral, le han colocado, de acuerdo con varias encuestas realizadas en Europa, en la categoría de “un peligro para la paz mundial, mayor que Hussein”. Es la “supremacía” de un Estado delincuencial, que opera al margen del Estado de derecho, dentro y fuera de su territorio. Como lo expresó el rotativo londinense Guardian,

“Estados Unidos, ´la nación indispensable´, empieza transformarse en ´el mayor Estado delincuencial  ´(ultimate rogue state). En lugar de liderar a la comunidad de naciones, Bush las confronta. En lugar de la ciudad luz…se hace escuchar al mundo una sonaja nacionalista:  ´hacemos lo que nos da la gana, y si no les gusta,  ¿a mi qué?´” [33]


[1] Trabajo para el VI Encuentro de Economistas, Asociación Nacional de Economistas de Cuba, Asociación Latinoamericana de Economistas, La Habana, Cuba, Febrero de 2004. Una versión preliminar fue presentado en la mesa redonda “Caracterización Política e Ideológica del gobierno de George Bush”, organizada por  La Jornada-Casa Lamm,  México, 21 de Julio de 2003. 

[2] Coordinador del Programa “El Mundo Actual” del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM, es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y Premio Universidad Nacional 2000. Es autor, entre otros, de La Compra-Venta de México, Plaza & Janés, 2002

[3] Para detalles consultar newamericancentury.org/statementofprinciples.htm. Para un contraste con esta visión a- histórica unilateral y militarista consúltese la reflexión en torno al papel y proyección de poder de Estados Unidos en el Siglo XXI  ofrecida por Nicholas Guyatt, Another American Century? Zed Books, London, 2000.

[4] Por esta “revolución en asuntos militares” se hace referencia al uso más intenso, en la planeación militar, de los avances en comunicaciones, sistemas de satélites, vigilancia y mecanismos de intercepción electrónica de los sistemas de comunicación del “enemigo”, y la plena incorporación de nuevas armas  de alta tecnología en la planeación militar.

[5] Consúltese, John Saxe-Fernández “Globalización del Terrorismo y Guerra”, Memoria Diciembre 2001; Michel Chossudovsky, “La Aventura geopolítico-militar de Bush”, Eseconomía, Nueva época, N. 3, I.P.N., Primavera 2003, pp 21-25. Del mismo autor, Guerra y Globalización, Siglo XXI, 2002; James Cockcroft, “La estrategia imperialista estadounidense”, Memoria, Julio,2003..

[6] Una buena crítica a esta política “neoconservadora” es ofrecida, desde la perspectiva “conservadora” por Clyde Prestowitz, Rogue Nation, Basic Books, New York, 2003.

[7] Para una puntual descripción de las operaciones clandestinas, incluyendo el uso de escuadrones de la muerte, el genocidio y la violación sistemática de los derechos humanos durante el gobierno de Reagan, ( en Centroamérica, el Medio Oriente y otras regiones) consúltese Chalmers Johnson, Blowback, the costs and consequences of American Empire. Metroolitan Books, New York, 2000.

[8] Al respecto consúltese el puntual estudio de Gian Carlo Delgado, “Geopolítica Imperial y Recursos Naturales”, Memoria, Mayo2003 pp 35-39.

[9] Me he referido al asunto en Proyecciones Hemisféricas de la Pax Americana, Amorrortu, Buenos Aires, 1975.

[10] The Atlantic Monthly, julio agosto 2003 p 78.

[11] James Harding, “Preaching the converted”, Financial Times, 4 de Enero 2003. Citado por Mariano Aguirre, “La Ideología Neoimperial”, en Mariano Aguirre y Phyllis Bennis, La Ideología Neoimperial, Icaria, Barcelona, 2003. p.22

[12]  Ibidem.

[13] Howard Fineman, “Bush and God”, Newsweek, 10 de Marzo de 2003, citado por Aguirre, op cit p. 24

[14] El argumento y los planteamientos y ejemplificaciones centrales sobre los fundamentos estructurales de la nueva derecha estadounidense aquí esbozados, fueron desarrollados en John Saxe-Fernández, “Los Fundamentos de la Derechización en los Estados Unidos”, en Agustín Cueva, coordinador, Tiempos Conservadores. América Latina en la Derechización de Occidente, Editorial El Conejo, Quito Ecuador, 1987.

[15] Horowitz, I.L, Ideology and Utopia in the United Status,1956-1976, Oxford University Press, London 1977 p.133

[16]  John H. Bunzel, Anti-Politics in America , Vintage Books, New York , 1970

[17] Sin embargo, cabe remarcar que las diferencias en contenido y en la evolución del fenómeno derechista alemán y el estadounidense son sustanciales.

[18]  Robert Welch, The Blue Book of the John Birch Society, Belmont, Mass, 1958 p 111

[19] Daniel Bell, The Radical Right, Doubleday , New York , 1963, p2.

[20] John Saxe-Fernández, “Los Fundamentos de La Derechización de Estados Unidos”, op cit. P 68 y ss. Este es un tema que ha sido abordado también desde esta perspectiva   por Samir Amin, “La Ideología Estadounidense”, Memoria, Julio de 2003, pp 5-9

[21] Another American Century?, op cit pp 135-136

[22] Ibid p 136.

[23] Recuérdese, entre otros antecedentes, que Clinton marginó a la ONU y a su Secretario General Boutros-Ghali en el proceso de negociaciones en el conflicto de Bosnia, y luego, en este y otros conflictos (Kosovo) procedió a la realización de ataques aéreos, por medio de la OTAN, mientras los ataques aéreos contra Irak en las  “zonas” de fuego, arbitrariamente establecidas por Washington y Londres, prosiguieron con Clinton y luego se incrementaron notablemente con Bush.

[24] Jules Henry,  On Sham, Vulnerability and Other Forms of Selfdestruction. Vintage, New York 1967, p 187.

[25] Para un excelente análisis, consúltese Gore Vidal, “El Ultimo Imperio”, El Pais Semanal, 14 de Diciembre de 1997, pp 56-88

[26]  “The trial of Zacarias Moussaoui”, New York Times, 28 de Julio, 2003, p A16

[27]  Michel Chossudovsky, “La Aventura Geopolítico-militar de Bush”, Eseconomía, IPN, Nueva epoca, N.3, primavera 2003. Consúltese del mismo autor Guerra y Globalización, Siglo XXI, México 2002 y la página del Centre of Research on Globalization, “El engaño político: el eslabón perdido detrás del 11 de septiembre, junio, 2002, http: //globalresearch.ca/CHO206A.html.

[28] Chossudovsky, “La aventura…”, op cit p 24.

[29] Ibidem

[30] Ibid, p.25.

[31] Consúltese, James Petras, “Imperio con Imperialismo”, Estudios Latinoamericanos, N.16, Julio-Diciembre 2001 pp 9-29. En otra oportunidad me referiré más detalladamente a los aspectos económicos, aquí sólo esbozados por límites de espacio.

[32] John Saxe-Fernández y Omar Núñez,”Globalización e Imperialismo: la transferencia de excedentes de América Latina”, en J. Saxe-Fernández, J. Petras et al, Globalización, Imperialismo y Clase Social, Lúmen- Hvmanitas, Buenos Aires-México, 2001, pp 87-165.

[33] “Dirty Business: Mr.  Bush Has Put US Credibility on the Line”, Guardian, March 30, 2022 p. 21  citado  en Prestowitz, op cit. p 2.